Columnista Invitado
Por: Víctor Díaz
La política, como una ciencia social, ha tenido sus mejores exponentes en aquellos hombres y mujeres que han mostrado su capacidad de sacrificio cuando le ha tocado poner los intereses personales a un lado, en aras de proteger los intereses de sus conciudadanos.
No por casualidad los Padres de la Patria entregaron su patrimonio material y sus vidas para darnos una nacionalidad. No por casualidad, Mandela prefirió 27 años de encarcelamiento por la libertad de su pueblo, África del Sur. No por casualidad, Gandhi lidereó el movimiento no violento más efectivo conocido por la historia, para liberar la India a costa de su vida.
La antítesis, lo contrario u opuesto al desprendimiento que debe observar un líder que intenta servirle a su Patria, la negación de todos los sacrificios que han hecho nuestros mejores hombres y mujeres para darnos una Patria digna, lo representa el Ing. Hipólito Mejía.
Hipólito Mejía, utilizando como punta de lanza una estructura paralela a su Partido, llamada PPH, demostró de lo que es capaz un hombre con ambiciones desmedidas y sin reparos a la hora de defender sus intereses por encima de los intereses de un pueblo.
El PPH, desconoció al liderazgo histórico del PRD, desplazando figuras emblemáticas de las luchas democráticas, no hubo reparos a la hora de echar por tierra el trabajo de Doña Milagros Ortíz Bosch, Rafael Suberví Bonilla, Emmanuel Esquea Guerrero y otros tantos.
Pero su ambición sin límites no había mostrado sus fauces, hasta que enfrentó la historia democrática del mismo PRD. Tirando al fango del retroceso a un Partido que se aferraba a su vocación anti reeleccionista y silenciando una de las voces más autorizadas de América contra del continuismo, el Dr. José Francisco Peña Gómez.
No escatimó esfuerzos el Ing. Hipólito Mejía y su PPH, en su ambición por el poder.
Se utilizaron todos los mecanismos, los recursos, los artilugios, para comprar diputados, senadores, comunicadores y periodistas y cambiarle el curso a la historia del PRD y del país. Una historia que había escrito con letras de oro el Dr. Peña Gómez y el pueblo dominicano, cuando obligó al Dr. Joaquín Balaguer a abolir la reelección en la reforma constitucional de 1994.
La experiencia vivida y los años de reflexión no fueron suficientes para que Hipólito Mejía y su PPH, aprendieran que sus intereses personales no debían estar por encima de los intereses de su propio Partido y cuando debiendo escoger un candidato con un perfil para estos tiempos, para enfrentar un Partido en el poder que está haciendo cambios progresistas, creando instituciones, manteniendo la economía estable aún cuando el mundo está en crisis, prefiere apostar a su regreso con todo y el rechazo que genera en el pueblo su recuerdo.
Esa es la razón por la que miles de perredeístas manifiestan su inconformidad con el Partido, ya que el candidato jamás ha representado los intereses del mismo, ni ha respetado la vocación democrática que le dio fundamento, éstos al igual que la mayoría del pueblo dominicano, no quieren volver al retroceso.
Los peledeístas por su parte, aunque algunos se sientan rezagados por el trato recibido durante el Gobierno, pueden sentirse orgullosos de la gestión de su Partido, llenando el país de obras de desarrollo, túneles y elevados, metro, universidades, hospitales, carreteras modernas, liceos y escuelas, calles y acueductos y un rosario de realizaciones que no puede exhibir el PPH de Hipólito Mejía, del cual el mayor recuerdo que nos queda es la quiebra de los bancos, la inestabilidad del dólar, las largas filas, el apadrinamiento de narcotraficantes y el rosario de malas palabras impropias de un Primer Mandatario de una nación pequeña, pero digna.
Los Gobiernos del PLD han mejorado la calidad de vida de nuestra gente a través del seguro de salud, la tarjeta solidaridad, bonogas, comedores económicos, mercados de productores, clínicas rurales de atención primaria y muchas otras formas en que los dominicanos reciben el apoyo del Gobierno.
Aunque no todo es color de rosas y nunca lo ha sido, los peledeístas pueden defender con orgullo las gestiones de Gobierno de su Partido y sobre todo la vocación democrática del mismo. En el primer Gobierno del PLD 1996-2000, la Constitución prohibía la reelección y a pesar de los consejos de algunos enfermizos del poder, el PLD no reformó la Constitución para reelegir a Leonel.
Fue Hipólito Mejía y su PPH, en su afán desmedido de poder, quien desconoció los logros de su líder el Dr. Peña Gómez. El PLD pudo reformar la Constitución para permitir un tercer mandato a Leonel Fernández, pues contaba y cuenta con la mayoría congresual, sin embargo y gracias a su vocación democrática no lo hizo.
Es la ambición de Hipólito Mejía y el PPH, que convierte al PRD en un Partido conservador, dormido, sin la vocación progresista que lo convirtió en una época en el Partido más grande de América, desplazado en el presente por el PLD, del cual ha recibido cuatro derrotas al hilo. No es tiempo para el retroceso, el país tiene que seguir avanzando.
PD. El autor es el Presidente de la Seccional del PLD
en New Jersey.




