HOLA NUEVO DÍA
Yaquí Nuñez del Risco
Para decirlo de otro modo, soy como un buzo que diariamente busca perlas en el mar de las palabras y, para ello, colecciono diccionarios y celebro la aparición de alguno especializado como el de toponimia y onomástica, diccionario de nombres geográficos y étnicos del mundo que ha preparado el filólogo español Roberto Faure Sabater. En beneficio de todos los lectores, preciso que se trata de nombres y palabras de la toponimia que es una rama de la onomástica.
Mientras la onomástica es la ciencia que estudia los nombres propios de personas y de lugares, la toponimia o toponomástica es el estudio específico de los nombres de lugares. En la obra de Faure Sabater para la editorial Espasa he hallado joyas como éstas. Caribe es una voz guaraní que significa valiente, guerrero y, vaya sorpresa, de caribe procede caníbal por la fama de antropógagos de los indios caribes. México, con equis que se pronuncia como jota, viene de la palabra nahua Metzxihco que quiere decir en el centro de la luna.
Miami, que no debe pronunciarse Mayami dado que no es inglesa sino palabra del pueblo amerindio los miami, nombre que significa los de la península, que estaban allí mucho antes de que llegara el idioma inglés. A New Jersey, isla de hierba, ese nombre se lo dio el lord inglés George Carteret en recuerdo de su nativa isla de Jersey, donde se fabricaba esa prenda de punto llamada jersey. Y Madrid, que para el lexicógrafo Sebastián de Cobarrubias, viene de madre del saber por estar allí las escuelas de ciencias en tiempo de los moros. Si tiene otra versión, dígamela y Olé.




