Aliento del Cielo
Por: Julia Castro“He aquí el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño. Pozo ha cavado, y lo ahondado; y en el hoyo que hizo caerá, su iniquidad volverá sobre su cabeza y su agravio caerá sobre su propia coronilla”. Salmo 7:14-16
La humanidad fue concebida a los ojos de Dios con la única finalidad de agradarlo a él. Siempre que usted hace algo por vez primera y todo el mundo reconoce que usted es el autor, le va a dar su crédito. Los fabricantes de productos, los científicos, los inventores de muchas de las cosas que hoy conocemos y poseemos hemos de mencionarlos siempre a través de la historia y es por esa razón que él hombre en su afán de alcanzar lugares preponderantes e inalcansables se dan a la tarea de recurrir a métodos inescrupulosos para llegar a ser reconocidos; no obstante a ello Dios le da la oportunidad de embarcarse en los conocimientos que él da para que muchos podamos obtener nuestros propósitos. Ahora bien, en los inicios de la creación del mundo vemos cual fue el lugar que Dios le dio tanto al hombre como a la mujer, pero por la maldad concebida de aquel que se creyó mejor que su creador, tuvo que ser destituido y enviado a las profundidades de la tierra.
La única manera de desarraigar la maldad del hombre es recibiendo el perdón que ofrece Jesucristo, es a través de él que somos limpios de nuestros pecados que es sinónimo de maldad y es ésto lo que nos hace tenerle mala voluntad a nuestros semejantes y empujarlos a caer en hoyos profundos, a maldecirlos y en muchos casos hasta desearles la muerte. Dice el salmista “He aquí el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño”. Muchos podemos decir que creemos en Dios y hasta que lo tenemos en nuestras vidas; pero a veces no hemos hecho esa relación de “padre a hijo” que Dios procura que tengamos y para eso nos envió a su Hijo como nos dice Juan 3:16-17 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. Es posible que en muchas ocasiones usted podría preguntarse de qué tiene que ser salvo, muy sencillo, mírese en el espejo de la palabra de Dios y usted mismo encontrará la respuesta; encontramos unas recomendaciones muy sabias de parte de Dios para cambiar nuestra manera de pensar, de sentir, de actuar, si es que queremos apartarnos de senda que nos conduce a la maldad y “la maldad” es como dijimos anteriormente: el pecado, y esto es lo que nos separa de Dios. Nos dice el Señor en Romanos 3:10-12 “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño. Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal”.
Es muy posible que creamos que nosotros mismos somos capaces de arreglar nuestras vidas, poniendo en riesgo lo que somos y los que nos rodean incluyendo nuestras familias. Cuando no somos dirigidos por Dios es muy posible que transgredamos sus preceptos; el salmista David, el cual fue pastor de ovejas, excelente músico, fue ungido como rey; comenzó a tener tantas dificultades que debió huir de quien o quienes lo perseguían y lo encontramos como el escritor que Dios utiliza para que conozcamos como transcurría su diario vivir. David expresa en el Salmo 37:12-14 “Maquina el impío contra el justo, y cruje sus dientes; el Señor se reirá de él porque ve que viene su día. Los impíos desenvainan espada y entesan su arco, para derribar al pobre y al menesteroso, para matar a los de recto proceder. Su espada entrará en su propio corazón y su arco será quebrado”. Dios es justo y el que se allega a él podrá saborear las delicias de la justicia de Dios en su vida, recibirá la bendición de ser guardado del mal, de quienes se sientan a poner sus pensamientos a la orden del enemigo. Así como David, en la Biblia encontramos un sinnúmero de hombres que fueron perseguidos y atacados por sus enemigos, entre ellos al Apóstol Pablo que de perseguidor pasó al bando de los perseguidos. Dios permite que estas cosas pasen para que podamos constatar sus misericordias, cuando él es el número uno de nuestras vidas. Ahora podemos recibir el consejo de Dios a través de Pablo, el cual nos alerta diciéndonos en 2da. Corintios 2:11 “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones”. Aquí Pablo hizo lo que tenía que hacer como lo deja saber (Versos 5-10), para que entendamos que no podemos dar tregua a nuestro adversario llamado Diablo o Satanás, que usa al de mente débil para enviarlos a hacer las cavaciones donde tu mismo podrías caer, no caigas en sus proposiciones, escucha a Jesús. Dios te bendiga.




